domingo, 10 de abril de 2016

Caso único en el mundo, ¡abuelita vivió 20 años en un laboratorio!

Carlina camina descalza y siempre luce una mirada expresiva. Nadie sabe si tiene familia, ni tampoco se conoce con exactitud de dónde es; lo cierto es que aunque parezca increíble, esta mujer de aproximadamente 70 años de edad, vivió durante más de dos décadas en el laboratorio de química de la Institución Educativa Simón Bolívar, del municipio de Samaniego, en la zona suroriental de Nariño.

Todo un drama
Una situación deplorable era la que tenía que enfrentar Carlina día tras día en las instalaciones del viejo recinto. Allí, en medio de las clases y el bullicio de los alumnos, la anciana se las arreglaba para dormir, hacer sus necesidades fisiológicas, bañarse y cocinar.
Varios de los estudiantes del centro educativo expresaron que al principio se les hizo muy raro tenerla como una inquilina permanente en el colegio, pero después terminaron por acostumbrarse.
Lucha diaria
Los samanieguenses cuentan que pocas veces han visto a esta mujer recorrer las calles de la veraniega localidad; quizá por ello con el pasar de los años su manera de vivir se convirtió para todos en un gran misterio que más allá de lo insólito de la situación, refleja el drama de miles de abuelos en Nariño y todo el país, quienes al verse abandonados por sus hijos o familiares, se ven obligados a permanecer deambulando por las ciudades como almas en pena.
Como Carlina hay miles de adultos mayores que no cuentan con un techo propio y tienen que pasar los últimos días de su vida en cualquier lugar; soportando frío, hambre, tristeza y soledad absoluta, ante la mirada inclemente de aquellos que lo tienen todo pero que son inmunes frente al dolor ajeno.
La buena nueva
Pero no todo es triste en esta historia. Por una casualidad de la vida, hace algunos días varios funcionarios de la Alcaldía Municipal liderados por el secretario de Educación Danilo Martínez, se tomaron las instalaciones del laboratorio y adelantaron una jornada de limpieza para recuperar el espacio escolar y ponerlo nuevamente en funcionamiento.
En medio de la labor, Martínez  y demás acompañantes se toparon con la cruda realidad de Carlina que logró calarles en lo profundo de su corazón. Mientras continuaban adentrándose en el destartalado laboratorio, relataron que se les partía el alma de a pocos; en su cabeza no cabía explicación alguna  para saber quién era tan inhumano de dejar a la deriva a una persona en una situación así de lamentable.
Nunca es tarde
Así que aquellos que solo iban con la intención de recuperar las instalaciones de un abandonado recinto, fueron movidos por un profundo sentimiento de  solidaridad que se tradujo en una sola idea: Entregarle a Carlina una casa digna que debió haber recibido mucho tiempo atrás.
El nuevo hogar ofrecido con gran cariño a esta aguerrida abuelita, cuenta con todos los servicios de agua, alcantarillado y energía eléctrica. Además, recibió una dotación que incluye cama, colchoneta, utensilios de cocina y productos de aseo; el viejo refrán lo rezaba “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”.
De esta manera el funcionario y los ciudadanos de buen corazón que se unieron a la campaña social, le brindaron un mejor amanecer a Carlina, lejos del ruido y la miseria que por tanto tiempo había soportado.
Hola soledad…
Ahora que estrenó casa, seguramente algún vivaracho aparecerá con una sonrisa fingiendo ser familiar de Carlina, porque ese es el orden de la vida: Cuando tienes todo recibes cariño y compañía, pero cuando no es así, el desprecio y la indiferencia son los únicos que golpean a la puerta.
Al final de todo y como pocas veces ocurre en historias tan impensadas, esta tuvo un final feliz, puesto que Carlina recuperó de algún modo la esperanza de pasar su vejez alejada del olvido, asegurando sin duda un lugar especial entre la ciudadanía luchadora y valiente del municipio de Samaniego.
¡Carlina hoy ve cielos más luminosos y tierras nuevas!




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